Caso Ledesma: El Tribuno insiste en una confesión que la Justicia parece no registrar
Confesó un crimen pero ni jueces ni fiscales intervienen- Fuente: El Tribuno-
Hoy se cumple un mes de la publicación de un reportaje realizado en La Paz, Bolivia, a un argentino preso allí.
Hoy se cumple un mes desde que un argentino detenido en Bolivia, Vicente Roa Aguirre (36) realizó una confesión sorprendente: que el 21 de septiembre de 2006 su amigo y socio boliviano Pedro Ichuta Vargas y él asesinaron a Liliana Ledesma en una pasarela de la periferia de Salvador Mazza, en la frontera norte.

Por el caso se encuentran elevadas a juicio cinco personas: Gabriela Aparicio, su esposo Any Tárraga y Lino Abdemar Moreno, sindicados como los autores materiales del hecho, y están presos. Los otros dos, los hermanos Delfín y Raúl “Ula” Castedo, considerados los ideólogos del asesinato, se hallan en situaciones diferentes. El primero está prófugo y el otro, detenido en un penal de Santa Cruz de la Sierra, pero con extradición a argentina concedida.
Silencios extraños
La confesión de Vicente Roa Aguirre fue tan precisa y con tanto detalle, que casi no deja lugar a dudas de que dice la verdad. Por ello, llama la atención que ni jueces ni fiscales se hayan dado por enterados de la misma, que tomó estado público al ser dada conocer por El Tribuno.
El juez que llevó la instrucción del caso, el tartagalense Nelso Aramayo, se negó reiteradamente a hablar del tema.
Es más, la secretaria del magistrado, María Flores, sostuvo que “por orden del doctor no se da información sobre ese tema”.
De la misma manera, el Procurador General de la Provincia, Pablo López Viñals, también tuvo una actitud parecida. Cuando se lo trató de contactar, respondió a través de Milagros Cornejo, vocera de la estructura, “que el Dr. no da entrevistas telefónicas”, aunque luego amplió: “Se abstiene de dar información al respecto por cuanto el caso se encuentra en tratamiento en la Cámara Penal de Tartagal”.
Opinión desde Bolivia
Oportunamente, el abogado boliviano Edwin Alave Salas, quien se hizo cargo de la defensa de Roa Aguirre en La Paz por razones humanitarias, fue claro al opinar sobre la bisagra que puso su cliente al caso vinculado al crimen de Liliana Ledesma: “ Acá (en Bolivia) hubo una investigación sobre este muchacho y surgió que estaba involucrado en una causa en Argentina, aunque jamás en ese país se mencionó su nombre.
Los policías bolivianos lo acorralaron y contó lo que ustedes ahora saben. Yo creo que la obligación de la Policía y Justicia argentinas es investigar si lo que ha dicho él es verdad o mentira. Mire, el fiscal de la causa, en su calidad de protector de la sociedad, tiene la obligación de determinar si es o no cierto lo que dice Roa Aguirre, ello es indiscutible”, puntualizó el letrado paceño.
¿Qué ocurre?, es la pregunta.
La “mejicaneada” de la muerte
Todo lo que se ha dicho en la Argentina del crimen de Liliana Ledesma es mentira. Desde que era una pequeña productora, hasta los cinco acusados por su asesinato”, aseguró, con voz apenas audible, el otrora imponente correntino Vicente Roa Aguirre en el Hospital General de Clínicas de La Paz, Bolivia.
Roa Aguirre se encuentra preso desde abril de este año 2009 en el tenebroso penal boliviano de San Pedro, ubicado en el centro de la capital altiplánica, acusado de dar muerte a un sujeto en una pelea callejera.
Desde el 26 de agosto se encuentra recluido en el pabellón de Cirugía General del nosocomio, ya que fue golpeado sin piedad por un grupo de reos. Tiene el hígado destrozado, no puede comer y sus dolores abdominales “son inaguantables”.
“Si voy a morir, quiero que sea en la Argentina, que es mi país. Y si ello ocurre, quiero que sea con mi conciencia tranquila. Quiero confesar mi crimen, aunque sólo fui cómplice. Y que el verdadero responsable pague por ello”, sostuvo con voz temblorosa.
Roa Aguirre asegura que la muerte de Liliana Ledesma tuvo una génesis basada en una “mejicaneada”, término hampón por traición.
Negocios turbios
Roa Aguirre contó que fue su socio boliviano Efraín Ichuta Vargas quien acuchilló a Liliana Ledesma, mientras él la sostenía por la espalda.
El correntino relató que con Vargas hacía “negocios” desde 2004. “Le compraba ropa y todo tipo de mercadería que luego vendía en mi provincia y en Formosa”.
Según Aguirre, en el 2006 su socio le pidió 5 mil dólares para entregarle a Liliana Ledesma.
Liliana debía llevar 30 kilos de cocaína pura, de la buena, a Buenos Aires. Yo le presté 3.000 dólares para que pagara el transporte y él puso mil. Sin embargo, pasaron los meses y nada. Ella no contestaba ni daba señales. Luego, cuando Ichuta la ubicó, le dijo que la droga había “caído”, es decir, que se la habían secuestrado.
Averiguamos en los diarios, en internet y con contactos sobre ello, pero nada. Liliana, lo que hizo, fue “voltearnos”.
La esperaron en la pasarela armados. Y sobrevino el final conocido.



